A veces ocurre
que no sabe uno muy bien quién es: ahí está el viejo imperativo
del “conócete a ti mismo”.
El yo es sin duda uno de los grandes enigmas filosóficos de toda
la historia. Pero también es muy común una situación peculiar: que nos
conozcamos, pero no nos gustemos.
Que la insatisfacción se haya convertido en compañera de viaje: del bus al
trabajo, del trabajo al bus. Los fines de semana en los vomitorios de las
ciudades. La rutina de la vida moderna nos ha convertido en animales
solitarios.
Mucho mejor viajar en taxi que en bus, dónde va a parar. En el taxi soy sólo
uno, y puedo ser muchos a la vez. En el autobús, todos somos uno. Mucho
mejor soñar ser otro, antes que verse obligado a aceptar el “quién” que
nos tocado, o el que la sociedad nos ha impuesto. Dejamos hoy una canción para
todas las vacaciones.
Una letra y un ritmo para darle vueltas a la identidad personal, la vida
moderna, la sociedad, la aceptación del yo. Que no se diga que las canciones
son superficiales: a veces, los superficiales somos nosotros, empeñados en
engañarnos antes de aceptar lo que somos.
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